BIOGRAFÍA DE SANTIAGO RAMÓN Y CAJAL

CAPÍTULO 8

1907 1922

EL GRAN SABIO POPULAR

En 1907 se crea la Junta para Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas, de la que Cajal es nombrado presidente, e ingresa como académico de número (sillón n.º 34) en la Real Academia de Medicina. Cajal asume en estos años diversos cargos, en su compromiso con la ciencia y la sociedad española, y publica libros fundamentales como Histologie du système nerveux de l’homme et des vertébrés, en 1911, edición francesa renovada de la española de 1904.

El año 1906 no fue solo el del Premio Nobel, sino aquel en el que Cajal estuvo más cerca de ceder a la tentación política, pues, según cuenta él mismo, poco le faltó para asumir el cargo de ministro de Instrucción Pública y Bellas Artes, que le ofreció su amigo Segismundo Moret.

Fue un hombre comprometido con su tiempo y no solo un gran científico. Regeneracionista en acción tras el 98, fue después un impulsor de la modernización de España a través de la política educativa y de investigación. En esos ámbitos asumió múltiples cargos públicos: consejero de Instrucción Pública desde 1898, director del Instituto de Higiene de 1899 a 1920, director vitalicio del Laboratorio de Investigaciones Biológicas (Instituto Cajal a partir de 1920) desde su creación en 1900, presidente de la Junta para Ampliación de Estudios e Investi­gaciones Científicas desde su arranque en 1907 hasta su fallecimiento y senador desde 1908.

Santiago Ramón y Cajal leyendo

CAJAL ESCRITOR

Además de sus destacados logros científicos, Santiago Ramón y Cajal dejó una huella significativa en el ámbito literario. Sus escritos abarcan una amplia gama de géneros y temáticas, demostrando su versatilidad como autor. En Cuentos de vacaciones, Cajal nos sumerge en narraciones que van desde lo fantástico hasta lo científico, combinando su imaginación con su conocimiento científico. Asimismo, exploró el tema de la percepción y la visión en La fotografía de los colores. Sus obras autobiográficas, como Recuerdos de mi vida y El mundo visto a los 80 años, revelan sus experiencias y reflexiones personales. Estos escritos brindan una mirada única a la vida y obra de Cajal, permitiéndonos comprender sus motivaciones e inspiraciones. En Charlas de café, Cajal expone pensamientos, anécdotas y confidencias que define como «reacciones circunstanciales, inconsistentes, variables con el humor del momento y el espíritu del ambiente». A través de estas obras, Cajal demostró su habilidad para combinar su rigor científico con una prosa cautivadora y creativa.

LA ESCUELA DE CAJAL

Santiago Ramón y Cajal formó una Escuela extraordinaria, posiblemente la más relevante de la historia de la biomedicina, que malogró la Guerra Civil. ¿Dónde estaría la ciencia española ahora si se hubiera podido continuar la tradición de su Escuela? ¿Y si hubiera recaído un segundo Premio Nobel en Río Hortega, De Castro o Lorente de Nó? El Programa Memoria del Mundo de la Unesco reconoce el legado de Cajal y el de su Escuela, algo reservado a escasísimos científicos, y determinó en 2017 que «estos archivos son esenciales para el estudio de la historia de los descubrimientos y teorías que condujeron a la comprensión actual del cerebro humano en un doble aspecto, la composición anatómica (células individuales) y las propiedades fisiológicas (la formación de circuitos y la propagación del impulso nervioso)».

La más pura gloria del maestro consiste, no en formar discípulos que le sigan, sino en formar sabios que le superen.

Alfonso Sánchez García, Clase de disección de Santiago Ramón y Cajal, 1915

Pedro Ramón y Cajal

(1854-1950)

Su figura es fundamental en la trayectoria de su hermano Santiago. No podemos considerarlo un discípulo directo, sino más bien un estrecho colaborador. Mientras ejercía como médico rural, realizó investigaciones muy relevantes sobre histología comparada del sistema nervioso de peces, anfibios, reptiles y aves que resultaron fundamentales para Cajal, quien afirmó: «En las conclusiones de mi trabajo, describí en detalle la ruta que la corriente visual toma, confirmando las opiniones de mi hermano». Fue catedrático de Histología en la Universidad de Cádiz (1896) y, posteriormente, de Ginecología en la Universidad de Zaragoza (1899). Pese a que siguió haciendo investigación neurohistológica hasta después de la Guerra Civil, su principal dedicación era asistencial.

Jorge Francisco Tello

(1880-1958)

Natural de Alhama de Aragón (Zaragoza), fue el primer investigador que se incorporó al Laboratorio de Investigaciones Biológicas, en 1902, convirtiéndose en el primer miembro de la Escuela de Cajal. Fue el primer científico en demostrar que el sistema nervioso central de un individuo adulto puede regenerarse, algo que Cajal definió como «una hazaña experimental jamás igualada por nadie». Tras la jubilación y fallecimiento de Cajal, le sustituirá en sus principales cargos académicos y de investigación.

Nicolás Achúcarro

(1880-1918)

En 1911, tras formarse junto a los más distinguidos especialistas en neuropatología y neuropsiquiatría europeos, como Alzheimer, y dirigir el Government Hospital for the Insane (Washington D. C., EE. UU.), se incorpora al laboratorio de Cajal para abrir una nueva sección de histopatología. Desarrolla un método de tinción y estudia las células granuloadiposas. Sus resultados convencen a Cajal, quien lanza en 1913 el concepto de «tercer elemento» del sistema nervioso. Fue pionero en considerar que una mala función de las células de glía puede producir enfermedad sin existir un daño primario de las neuronas. Cae enfermo muy joven y fallece en 1918. Se trata de una pérdida enorme para Cajal y su Escuela, de la que estaba llamado a ser líder.

Pío del Río Hortega

(1882-1945)

Mejora el método de tinción de Achúcarro y descubre que el «tercer elemento» está compuesto, en realidad, por dos tipos celulares diferentes de distinto origen: la microglía y los oligodendrocitos. Es, sin duda, uno de los descubrimientos fundamentales de la neurociencia y le valió nominaciones al Premio Nobel en 1929 y 1937. Dirigió el laboratorio de la Residencia de Estudiantes, fue nombrado jefe de la sección de Investigación del Instituto Nacional del Cáncer y realizó una clasificación de los tumores del sistema nervioso vigente hasta hace pocos años. Con la Guerra Civil se exilia y, tras pasar por Francia y Reino Unido, termina en Buenos Aires, donde deja grandes discípulos.

Fernando de Castro Rodríguez

(1896-1967)

Al caer enfermo Achúcarro, Cajal, conocedor de la destreza técnica del joven madrileño Fernando de Castro, lo incorporó como alumno interno en su cátedra. En el Instituto Cajal se encargó del aprendizaje de los investigadores nacionales y extranjeros que iban a formarse en técnicas neurohistológicas. Describió las bases de la inervación de la región cardio-aórtica e identificó por primera vez los quimiorreceptores, localizados en el glomus caroticum. Orientó a Corneille Heymans, tras sus visitas a su laboratorio, al estudio del glomus caroticum como centro de los reflejos quimiosensoriales; por sus investigaciones el belga recibió el Premio Nobel en 1938, mientras De Castro custodiaba junto a Tello el Instituto Cajal en un Madrid en guerra.

 

Rafael Lorente de Nó

(1902-1990)

Siendo estudiante en Zaragoza llamó la atención de Pedro Ramón y Cajal, que lo recomendó a su hermano. En Madrid realizó una brillante descripción de la histología de los núcleos acústico-vestibulares que le dio fama internacional. Becado por la JAE, marchó al extranjero para trabajar con el matrimonio Vogt en Alemania y con el Premio Nobel Róbert Bárány en Suecia. En 1929 volvió a España para hacerse cargo de la jefatura del primer servicio de otorrinolaringología, en Santander, y montó un laboratorio de histología y fisiología. En 1931 partió definitivamente a Estados Unidos, primero al Central Institute for the Deaf y más tarde a la actual Rockefeller University. Realizó grandes descubrimientos; especialmente importantes fueron sus investigaciones sobre la organización funcional de la corteza cerebral y la fisiología del impulso nervioso. Fue nominado al Premio Nobel en 1949, 1950, 1952 y 1953.

LA ESCUELA DE CAJAL DEFINIDA POR ÉL MISMO EN 1922

Con motivo de la recepción de la Medalla Echegaray, otorgada por la Real Academia de Ciencias

Pedro Ramón y Cajal
(1894-1918)
Claudio Sala i Pons
(1892-1894)
Carlos Calleja y Borja-Tarrius
(1893-1897)
Isidoro Lavilla
(1887-1897)
Ramón Terrazas
(1896-1897)
Tomás Blanes Viale
(1898)
Federico Olóriz Ortega
(1897)
Jules Havet
(1898-1916)
Eduardo del Río Lara
(1900-1910)
Rafael Forns
(1903)
Jorge Francisco Tello Muñoz
(1903-1921)
Domingo Sánchez Sánchez
(1904-1920)
Manuel Márquez Rodríguez
(1898-1901)
Gonzalo R. Lafora
(1910-1916)
Sánchez y Sánchez [Manuel]
(1916-1919)
Fernando de Castro Rodríguez
(1916-1922)
Nicolás Achúcarro Lund
(1911-1915)
José Miguel Sacristán
(1912-1913)
Luis Calandre Ibáñez
(1913)
Miguel Gayarre Espinel
(1912-1914)
Pío del Río Hortega
(1913-1922)
Jorge Ramón Fañanás
(1912-1918)
Galo Leoz Ortín
(1912-1913)
Lorenzo Ruiz de Arcaute
(1912-1913)
Laura Forster
(1911)
Manuela Serra
(1921)
Mariano Górriz
(1921)
José M.ª Villaverde y Larraz
(1920-1921)

BIOGRAFÍA