CAPÍTULO 4

1869

1884

CAJAL Y LA UNIVERSIDAD DE ZARAGOZA

En junio de 1873, Ramón y Cajal se licencia de la carrera de Medicina en la Universidad de Zaragoza. Se convierte por oposición en médico militar, y muy pronto es destinado a Cuba, donde enferma gravemente de paludismo y disentería. Tras dos años fuera, regresa a Zaragoza el 16 de junio de 1875.

Universidad Literaria de Zaragoza
Anfiteatro y Museo Anatómico del Hospital Nuestra Señora de Gracia
Iglesia del Hospital Nuestra Señora de Gracia

Jamás olvidaré que Zaragoza fue el magnífico escenario de mis ensueños de mozo y de mis ilusiones y esperanzas de hombre.

Maduró durante sus años en la facultad en tres aspectos que contribuyeron decisivamente a forjar su personalidad: la profesión, pues comenzó a disfrutar de la medicina y la investigación; lo que él llamó sus «tres manías», la literaria, la gimnástica y la filosófica; y los amigos, entre sus compañeros de carrera.

En 1874 es destinado a Cuba, donde enferma de paludismo y disentería. Era capitán médico, tenía veintitrés años recién cumplidos y el paréntesis de su etapa militar había durado casi dos años. Regresa a Zaragoza el 16 de junio de 1875.

Autorretrato en su domicilio en Zaragoza junto a su primer microscopio, h. 1880. Legado Cajal-CSIC
Todavía con secuelas, poco a poco recupera su vida en la capital aragonesa. Realiza su tesis doctoral, trabaja como profesor de Anatomía en la Universidad, y más tarde se convierte también en director de los Museos Anatómicos.

Haciendo valer sus habilidades para la pintura y la anatomía, Cajal dibuja en esta época el Atlas Anatómico de la Universidad.

Su esposa, Silveria Fañanás García, apoyó incondicionalmente y alentó los sueños y ambiciones de Santiago. Se conocían de vista, de la época en la que Cajal estudió en Huesca, y en contra de la opinión de sus padres y de sus amigos, que presagiaban un desastre, se casaron el 19 de julio de 1879 en la parroquia de San Pablo. El único familiar que acudió a su boda fue su hermano Pedro. La pareja tuvo siete hijos.

Me atrajeron, sin duda, la dulzura y suavidad de sus facciones, la esbeltez de su talle, sus grandes ojos verdes encuadrados de largas pestañas y la frondosidad de sus rubios cabellos […]. Tiempo después, sin que los consejos de la familia fueran poderosos a disuadirme, me casé […]. Mi compañera, con su abnegación y modestia, su amor al esposo y a sus hijos y su espíritu de heroica economía, hizo posible la obstinada y obscura labor del que escribe estas líneas.