Estos avances permitirán comprender mejor la mente, descifrar el pensamiento y desarrollar nuevos tratamientos para enfermedades neurológicas y mentales. Sin embargo, también plantean importantes desafíos éticos, ya que podrían alterar aspectos fundamentales de la condición humana.
Por ello, surge la necesidad de impulsar nuevos neuroderechos que protejan los derechos humanos y garanticen un desarrollo responsable de estas tecnologías. Esta revolución tiene sus raíces en el trabajo pionero de Santiago Ramón y Cajal, cuyos descubrimientos sentaron las bases de la neurociencia moderna.